Pésame por SMS

Pésames por SMS. Esto es lo que yo llamo clase!
Empecemos con un poco de periodismo fantástico. Por escenas.
- El velatorio de Isidoro Lopes-Gasco-García-Vaquero (no es familiar, ¡eh!), de 79 años.
- En medio del silencio suena el bip del móvil. La viuda se fija.
- Segundos atrás, un “conocido” que se leía El Mundo mientras se tomaba un café en la Mallorca de Serrano, vio el anuncio que invita a enviar un SMS de pésame. Y lo hizo. Por 1,50 euros más IVA quedó como el mejor de los amigos. Tan buen amigo que ni sabía que Lopes-Gasco-García-Vaquero había muerto. Tan buen amigo que en lugar de aguantarse el numerito de la viuda y los hijos que lloran y las coronas mortuorias pues manda el M PESAME al 7543.
- La viuda, agradecida, pensará que a su marido lo querían muchos. Tanto que sonará el móvil…
Ahora, a la realidad. Este servicio lo ofrece El Mundo. Hoy, en su página de obituarios, aparece una lista de 40 muertos, cada uno con un código.
Anoto varias cosas. La primera, me causa gracia esa forma de usar las nuevas tecnologías. Segundo, que no me gustaría recibir un pésame por SMS. Vamos, que es una de esas situaciones donde quiero que me abracen. Yo mataría a mi mejor amigo si en lugar de visitarme me manda un mensaje…
Tercero. Muero por saber cómo se ve el mensaje en el móvil del doliente. ¿Dice “lo siento”? ¿Cómo saben quién envía el mensaje? ¿Le respondes y empieza un chat interminable? Cuarto. ¿Si llegas a los veinte mensajes te dejan bajar el politono de un Réquiem?
Finalizo con una petición. Así como la gente deja constancia póstuma de que dona sus órganos, yo dejo la propia. Seguramente de mí no habrá obituarios y menos en El Mundo. Pero si por esas cosas, NO quiero que a mi familia le lleguen SMS de pésame. Por favor.
¡No dispare, periodista!
El Colegio de Periodistas de Cataluña (CPC) ha informado que a partir de hoy los comunicadores interesados podrán adquirir, por la módica suma de 8 euros, petos y brazaletes especiales que los identifiquen a la hora de cubrir manifestaciones donde haya Mossos D’Esquadra. Con la medida se busca brindar protección a los periodistas, después de que el pasado marzo 33 periodistas resultaran heridos durante las manifestaciones estudiantiles contra el plan Bolonia.
Aún no tengo claro si la medida me alegra, como futuro becario de un periódico en Barcelona, o si me llena de terror. Y es que tener un peto que diga PRENSA me convierte en el mejor blanco móvil en medio de una manifestación en la Rambla. Al mismo tiempo agradezco el interés del CPC de querer proteger a los periodistas, miembros o no. En esto los catalanes le ganan terreno al resto de España: tener un colegiado que no solamente busque la excelencia periodística, sino que también quiera velar por los que a diario nos enfrentamos a las noticias.
Sin embargo, tanto que criticamos a los políticos, y me parece que el CPC ofrece un paño de agua tibia a un problema de gran calado. ¿Y los ciudadanos? Ellos no tienen brazaletes… y también son víctimas de las bolas de caucho de los Mossos. Bueno, no vayamos más lejos. Una le explotó el bazo al jefe de la Guardia Urbana de BCN…

